El típico pacto con el diablo en un cuento del conde Juan Bosch.
The covenant
Los pactos con el diablo son un tema común en la historia del hombre. No hay fechas exactas de cuando iniciaron. Tampoco se sabe si existe un tal diablo. Pero el tema resulta atractivo para atraer a los lectores. En la edad media, la iglesia lo utilizó para aterrar a la gente y despojarlo de sus bienes. Luego del Renacimiento, es la literatura romántica que lo adopta en las obras, especialmente la corriente gótica. Son ejemplo de ello: El castillo de Otranto (1765) de Horace Walpole, Los misterios de Udolfo (1794) de Ann Radcliffe, El monje (1796) de Matthew Lewis y Melmoht el errabundo (1820) de Charles Robert Maturin. Otros ejemplos son El fausto: personaje de una leyenda alemana y que fue llevado a las páginas por Johann Wolfgang von Goethe, y publicado en dos partes, una en 1808 y la otra 1832. En la actualidad ha sido objeto de múltiples adaptaciones literarias como cinematográficas. También la literatura decadentista nos mostró un ejemplo sutil con El retrato de Dorian Gray. Los victorianos tardíos no se quedaron atrás, y Bram Stoker nos presenta a Drácula: novela que ya todos se saben el cuento… Pero esto no es un comentario de literatura gótica, sino del cuento El Socio, del conde Juan Bosch, publicado por primera vez en la Revista Carteles (20 de octubre de 1940), La Habana, Cuba.
Comenzaremos
esta “vaina”, quitándole la tramoya romántica: sombras, ruinas, castillos abandonos y
princesas esperando la llegada de un príncipe caza monstruos. Ahora, coloquemos
en vez de ello, un sol incandescente sobre una sabana con algunos picos
mal formados, poblada de gente supersticiosa. En este último contexto se
desarrolla la trama del cuento El Socio del conde Bosch.
Tres hombres, (Negro Manzueta, Dionisio Rojas y Adán Matías) dispuestos a
vengarse de don Anselmo, un gurú hacendado cuyos rumores de un pacto con el
diablo se cuenta en el Sabanal. El primero de nuestro protagonista, es
Negro Manzueta, un hombre envidioso, dueño de unas
tierras que colindan con las de don Anselmo. Su deseo de vengarse (porque le
había robado la tierra que heredó de su “taita”) lo lleva a intentar quemar la
hacienda de don Anselmo, pero durante el intento, el daño se invierte, quemando
no solo toda su hacienda, sino también a él mismo. La gente culpó al Socio,
nombre con que se le conocía al diablo protector. Por otra parte, Dioniso Roja,
nuestro segundo personaje, acababa de salir de la cárcel. Había caído al
calabozo porque se le acusó de robarse unas vacas. En su mente culpaba
a don Anselmo; pero al igual que Manzueta, temía al extraño protector del
hacendado. Aconteció que cuando salió de la cárcel, fue a reclamarle a su
hermano, Demetrio, el porqué había vendido las tierras a su enemigo sin consultarlo. Ambos se armaron en una discusión que terminó con la
vida de Dionisio. La muerte de Manzueta y ahora la de Dionisio, aumentó el
rumor entre la gente de que El Socio (el diablo protector de don Anselmo) tuvo
que ver.
El
viejo Adán Matías, cuyo único motivo para quitarle la vida a don Anselmo era
que se había visto forzado a entregarle a su nieta para satisfacer sus deseos
carnales... El cargo de conciencia no dejaba en paz al viejo, que no podía ni
con su vida. No aguantaba consolidar el sueño, el insomnio se había atinado en
su cabeza como la idea de matar a don Anselmo, pero al igual que los otros
hombres muertos, temía al Socio. El orgullo de viejo herido, lo hizo aprender
las prácticas paganas de su entorno y luego coger el camino hacia la Loma
del Puerco: una montaña calva donde se iba a consultar con el mismísimo
Satán. Allí se firmaban los pactos. Adán Matías fue dispuesto a vender su alma
y la de toda su familia, si el diablo le quitaba la protección a don Anselmo;
sin embargo, el diablo, dijo que solo podía aceptar la de él, ya que nadie
tenía el derecho de vender almas ajenas. Envueltos en unos diálogos que sorprendieron al diablo, por la clase de
hombre de palabra que tenía enfrente… pactaron.
Adán,
confiando en la palabra de lo malo, arribó esa noche hacia la hacienda de don
Anselmo. Al llegar, lo confundió con un criado al cual atacó. El machete por
accidente se zafó de sus manos y fue a parar al cuello de un segundo hombre.
Pero luego de un momento de confusión donde dudó de la palabra del diablo,
escuchó la voz de una mujer que revelaba que el hombre que recibió el planazo
por accidente en el cuello, era su amo don Anselmo. De esa forma lo identificó;
fue y le cortó la cabeza… El hecho finaliza con el diablo llevándose la cabeza
de don Anselmo. Adán Matías, termina entregándose después de una persecución en
la cual es sorprendido hablando solo: «Como que ta loco el viejo ése —dijo
uno, con la voz ahogada por la carrera que iba dando. Y el otro, sin dejar de
correr, aseguró: —Sí, ése ta loco; segurito que ta loco. Y por loco lo tuvieron
cuando se dejó echar mano sin hacer resistencia. Había detenido el caballo;
seguía mirando hacia el cielo con el rostro iluminado por una ligera sonrisa, y
pensaba, complacido, que, aunque el mundo había cambiado mucho, todavía quedaba
alguien capaz de cumplir sus compromisos. Y como estaba seguro de que los hijos
de don Anselmo le darían muerte ese mismo día, él, Adán Matías, cristiano
viejo, no se alarmaba al pensar que tardaría muy poco en entregarle su alma al
Diablo».
El
narrador en tercera persona cuenta magistralmente los hechos desde cuatro
planos narrativos distintos, y que a la vez convergen con el conflicto del
relato. Las descripciones a la medida, permiten que la intriga se mantenga
hasta en la más sutil palabra, lo que lo convierte en una obra maestra de la
literatura macabra en Santo Domingo.

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